viernes, enero 13, 2006

Un viaje

En cada lugar del mundo hay un prodigio. Salgo en mi carro del estacionamiento y me detengo para que pase una persona. Vuelvo la vista a un lado y ahí, sobre la acera, miro un pájaro negro. Es un tordo. Su plumaje, de un negro más negro que el más negro color negro, se irisa sin embargo con matices verdes, y azules, y morados, de modo que aquel personaje que se diría simplemente negro está en verdad pintado en glorioso technicolor. “Glorioso”. Este pájaro proclama la gloria de una infinita creación que no miramos nunca, pues sólo ponemos ojos en lo nuestro. Si viéramos los seres y las cosas con el recogimiento con que se mira lo sagrado –todo es sagrado- nuestra alma se irisaría también con los innúmeros colores de esta gloriosa creación en que vivimos, en la que siempre viviremos…