Entre tus brazos
Nunca te di las gracias por recibirme de esa manera. Confieso que esperaba menos, incluso estaba preparado para no verte, y por poco y no te veo. Pero lo conseguiste, apareciste en el último momento. Admiro tu perseverancia, pretendiste no notar que te ignoraba e insististe en ganarme de nuevo, y poco a poco te fui perdonando.
Antes de partir, te extendí los brazos por compromiso, por mera formalidad, sin esperar de ti más que lo mismo. No estaba preparado, me tomaste por sorpresa y me fue imposible permanecer molesto entre tus brazos. Sólo pude pensar en abrazarte de la misma manera, con la misma fuerza. Pero no lo hice.
Incluso cuando me repetiste tu deseo de vivir conmigo en algún momento, yo sólo me guardé las palabras, me tragué los sentimientos, y siguiendo las reglas de tu juego, reí cínicamente mientras sentía una vez más, como al dejarte ir, una parte de mi moría.
Nunca te dí las gracias por despedirme de esa manera.
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