martes, agosto 29, 2006

Falling Memories

Ayer me detuve por un momento y observé el cielo nocturno.

Tratando de encontrar en las estrellas una respuesta a tantas preguntas, tratando de encontrar en ellas una razón para sentirme así, para después de tanto tiempo, después de tantas horas, de tantos días y tantos meses, sentir que lenta e inevitablemente, la llama se extingue.

Solía pensar que este sentimiento duraría por siempre. No creía que sentimientos como éste tuvieran final.
Y una vez más quise retenerte.

Pero entonces ví algo que me cambió, que me devolvió la paz.

Cuando estuve a punto de sucumbir de nuevo en la pena, en la tormentosa incertidumbre, una estrella fugaz me devolvió la luz, me otorgó la claridad que necesitaba.

Mientras la veía atravesar la bóveda celeste me llené una vez más de serenidad, y pude pensar.

Recordé entonces que no somos seres de luz, que en nuestra naturaleza figura el sufrimiento, la pena, el olvido. Que nuestra esencia y nuestra existencia son efímeras.

Y así, de pronto me di cuenta de que las personas, como las estrellas, son fugaces.

miércoles, agosto 23, 2006

True House Music

House music has the power to heal,
to soothe, to comfort. It’s a music of love,
a music from up above.

True house music is an instrument of God
and if this instrument is used wisely,
it can change your soul.

True house music consists of four main ingredients:
- a cup of spirituality,
- a tablespoon of love,
- a dash of togetherness and
- a pinch of soul penetrating beats.

This is true house music.

lunes, agosto 14, 2006

Quiero...

Quiero estar en casa, quiero ver el mar, quiero sentir la brisa, quiero ver a mi mamá. Quiero abrazarte, quiero reir, quiero tomar Sol, quiero un Viv' le ville; quiero ir a bodegas, quiero ir a la carioca, quiero tocar, quiero mezclar, quiero tomar un vinil entre mis manos y maravillarme por su textura, y por su simple perfección, quiero verte, quiero hacerte reir, quiero que me hagas llorar sin que sepas de ello y luego que me hagas reir como si nada hubiera pasado, quiero odiarte y luego perdonarte.

Quiero que me llames, quiero que no me llames. Quiero esperarte, quiero que se te olvide que quedamos de vernos, que cuando te des cuenta, te sientas tan mal que me llames inmediatamente. Quiero que llueva, quiero sentir la lluvia hidratándome y resfriándome después de haber pasado dos horas afuera.

Quiero que una persona que no conozco me sonría, quiero encontrar dinero sin dueño. Quiero un huarache sin aguacate y dos tacos de adobada con todo, y una sangría por favor. Quiero decir que te extraño sin sentirme culpable, quiero decir que extraño tu calor, que extraño tu olor, quiero decir que te amo, quiero decir tantas cosas acerca de ti sin sentir que debo pedirte perdón o pedirte permiso.

Quiero amanecer a tu lado, y recordar en el primer instante de razón del nuevo día, el por qué estás junto a mi. Quiero admirarte mientras duermes, y esperar en silencio mientras lentamente regresas del mundo de los sueños. Quiero empezar mis días a tu lado.

Quiero regresar a casa con mi encendedor original, quiero un té helado, quiero leer lo que me has escrito y recordarte como no eres. Quiero compartir un banana split, quiero una foto de esa flor, quiero tomar el autobús, quiero gritar: bajan! Quiero ver tus ojos, quiero sentir tu mano, tu espalda, más abajo... Quiero verte encender un cigarrillo y pasármelo después de darle un par de baizas.

Quiero compartir un largo silencio contigo, viéndonos a los ojos, riéndo por el duelo entre nuestros corazones y nuestra razón, y lo bien que eso se siente. Quiero que me toques como solo tu sabes tocarme, con tanta discreción e inocencia que nadie se imagina lo que pasa por nuestras mentes. Quiero hablar ese lenguaje secreto contigo una vez más, sin palabras, solo miradas y caricias, risas y anhelos.

Quiero tener el tanque lleno, dinero para las casetas y un lugar a donde llegar. Quiero ir a pistear a chicali, quiero ver a mis compas de la prepa, quiero ir a puertitos. Quiero tomar fotos, volver al blanco y negro, quiero pasar horas en el cuarto oscuro, hacerte un album, quiero escuchar mi música, quiero aprender a tocar el didjeridoo, las tablas, la sítara, quiero visitar el oriente. Quiero un Goodbye Motherfucker, quiero tomar agualoca, quiero andar bieeen pacheco.

Quiero moverle al reason, quiero una Mac, quiero tener finalcut y arkaos, quiero una cámara de video, quiero grabar en alta definición, quiero hacer películas, quiero otros zapatos, quiero un avión de control remoto. Quiero armar modelos a escala de aviones, barcos, carros, tanques, de cualquier cosa. Quiero escribir una historia, quiero hacer una puesta en escena, quiero estar en un escenario, quiero ser ovacionado, quiero que estés ahí y que sientas orgullo por mi, quiero que me admires.

Quiero amarte, no solo tenerte, sino amarte lentamente, quiero cuidarte, quiero extrañarte un poco menos, quiero gritar tu nombre y escuchar: "aquí estoy" por respuesta. No quiero que permanezcas conmigo, pero quiero que me pertenezcas, al menos por un tiempo. Quiero sentir tu aroma cuando despierte en medio de la noche, y tocarte para saber que sigues ahí.

Quiero una promesa, quiero un secreto, quiero un sentimiento. Quiero saber lo que piensas, quiero entenderte.

Quiero un PS3, quiero una chamarra, quiero el nuevo disco de Thom Yorke, quiero comprar más viniles, quiero una guitarra nueva, quiero volver a Praga, quiero comer pizza roma, y tomar pivo, decir prosím y dekuu... Quiero gastar mi propio dinero, quiero independencia, quiero ganarme mi propia libertad.

Quiero que protagonices una de mis películas, o al menos un episodio de mi vida, quiero tener el poder de hacer que te olvides del miedo, de la inseguridad, quiero encontrar un poema que sea perfecto para ti.

Quiero uno de esos paseos nocturnos, sin rumbo, los dos juntos, y solos nuestros corazones.

Quiero tantas cosas, y sólo te quiero a ti.

Te extraño tanto...

lunes, agosto 07, 2006

Noche tras noche

"Me dueles, todavía"

Su mirada triste me recordaba un sentimiento que conozco bien, y del cual sigo intentando huir inútilmente.

Sus ojos, los más oscuros y profundos que he conocido, me recordaban el mar sereno de aquella noche en la isla del faro en los años tempranos de mi juventud, una noche en la que descubrí las gaviotas plateadas de la isla de Todos Santos que brillaban en toda su gloria cuando la luz del faro las iluminaba en medio de su vuelo nocturno. Pero a diferencia de aquel recuerdo de mi niñez, en sus ojos no había brillo.

No le gustaba hablar de su pasado, y yo no la cuestionaba, solo disfrutaba del placer de verla cada noche.

Sabía como hacerme olvidar mis instintos intuitivos, como hacerme callar, dejar de preguntar, de intentar saber. Sabía como hacerme callar. Comenzaba a inventarme historias sobre su vida, sobre su pasado. Me hipnotizaba con el sonido de su voz y la luz apagada de su mirada.

A menudo jugábamos a inventarnos nombres, cada noche éramos una persona distinta, con historias distintas. Por un tiempo encontré esto divertido, y cada vez que intentaba pensar, ella me sacaba de mi y me concentraba en ella, así que después de un tiempo dejé de pensar.

Amaba la manera en que se sentaba al borde de la ventana. Las luces de la calle dibujaban su figura en un cuadro de armonía preciosa.

Mi parte favorita del día eran las horas que compartíamos noche tras noche. Nunca había conocido a nadie así. Lo más difícil eran las despedidas, ese momento inevitable, esa pequeña dosis de realidad. Al principio no supe como manejarlo, pero eventualmente, aprendí a lidiar con el hecho de tener que dejarla ir.

Quisiera poder haber hecho algo, pero la conocí muy tarde, muy tarde para cambiar el pasado.

Sus historias eran fascinantes, probablemente anhelos de una vida que solo pudo soñar, pero que nunca tuvo. Sabíamos que no eran reales, pero por unas cuantas horas ella necesitaba que yo le creyera, y noche tras noche, yo le creía.

Sólo así compartíamos esos momentos preciosos, como dos desconocidos. A pesar de que llevábamos semanas viéndonos, yo no sabía más de su pasado de lo que ella sabía de mi presente. Pero el saber que noche tras noche, aunque fuera sólo por una cuantas horas disfrutaba de su presencia, me hacía más ligera la soledad. Sabía que se iría, sabía que no podía detenerla, pero noche tras noche, deseaba que pudiera quedarse, que nuestras noches no tuvieran que terminar así.

Llegó un punto en el que necesitaba sus visitas, eran lo único que me sacaba de ese sentimiento que se anidó en mi interior desde aquella noche en la isla del faro. Esa inmensa soledad que se adueñó de mi ser mientras las ráfagas del viento subían por los acantilados y bajaban de nuevo rozando apenas los pastizales, creando un zumbido hipnótico. El frío y la adversidad, el saber que me encontraba a metros de mi refugio, que era vulnerable envuelto en la oscura noche, en una tierra ajena, lejos de todo, lejos de todos. Trataba de tomarlo con calma, de cuidar cada paso, no quería molestar a una serpiente o alguna alimaña capaz de hacerme daño así que no quitaba la vista del piso, hasta que por lo apresurado de mi paso y las ocurrencias de mi imaginación de niño, tropecé y terminé viendo el cielo estrellado. Era hermoso, me relajé por un segundo en los pastizales, mientras trataba de comprender qué eran esas manchas que veía en el cielo, interponiéndose entre mi vista y las estrellas.

Fue entonces que la luz del faro giró y las iluminó. Eran las gaviotas plateadas de la isla de Todos Santos, de las que nadie había hablado, porque nadie las había descubierto. Esa noche, yo las descubrí con asombro, e impresionado por la forma en que brillaban, me quedé contemplándolas un buen rato, hasta que el miedo y la soledad desaparecieron. Caminé lentamente, admirándolas, y ellas me iluminaron el camino de vuelta.

Al cabo de un tiempo, sus visitas comenzaron a afectarme. Cada vez deseaba con mayor intensidad poder hacer algo para detenerla, para que se quedara.

Noche tras noche, la conocía, y noche tras noche, ella regresaba al borde de la ventana de mi departamento del noveno piso. Las luces de la calle dibujaban su figura en un cuadro de armonía preciosa segundos antes de que saltara al vacío.

La luz apagada de sus ojos permanecía en la habitación durante horas, y continúa oscureciendo mi alma, noche tras noche.

jueves, agosto 03, 2006

Una disculpa

Lamento no haber escrito en tanto tiempo, si es que alguien por ahi perdido en la red aun lee este pedazo de desperdicio de espacio virtual pseudollamado Blog, la verdad es que se pueden encontrar un par de cosas que valen la pena aqui y en el otro espacio, pero por ahora he estado algo ocupado con la escuela. Si...estoy llendo a la escuela, aunque no lo crean, estuve todo el mes pasado en un taller de cinematografia en Praga. Fue un pedazo de mes, bastante crack (como dirian los compas con los que me toco vivir)

Es curioso que de un grupo de 18 personas, de 12 paises diferentes del mundo, me tocara vivir en un piso en donde los 4 eramos latinos. Me tocó vivir con un español, un argentino y una paisana, de hecho, creo que eramos los únicos hispanohablantes de todo el curso, con excepcion de una francesa pocamadre de nombre Saskia, su padre es Francés y su madre Italiana, de ahi aprendio a hablar español.

Hay mucho que contar, pero todo esta en alguna otra parte, asi que ya tendré tiempo después de transcribirlo y platicarles con detalle como fue que pasé este último mes, tan lejos de casa, dando los primeros pasos, del camino que habré de recorrer el resto de mi vida.