martes, agosto 29, 2006

Falling Memories

Ayer me detuve por un momento y observé el cielo nocturno.

Tratando de encontrar en las estrellas una respuesta a tantas preguntas, tratando de encontrar en ellas una razón para sentirme así, para después de tanto tiempo, después de tantas horas, de tantos días y tantos meses, sentir que lenta e inevitablemente, la llama se extingue.

Solía pensar que este sentimiento duraría por siempre. No creía que sentimientos como éste tuvieran final.
Y una vez más quise retenerte.

Pero entonces ví algo que me cambió, que me devolvió la paz.

Cuando estuve a punto de sucumbir de nuevo en la pena, en la tormentosa incertidumbre, una estrella fugaz me devolvió la luz, me otorgó la claridad que necesitaba.

Mientras la veía atravesar la bóveda celeste me llené una vez más de serenidad, y pude pensar.

Recordé entonces que no somos seres de luz, que en nuestra naturaleza figura el sufrimiento, la pena, el olvido. Que nuestra esencia y nuestra existencia son efímeras.

Y así, de pronto me di cuenta de que las personas, como las estrellas, son fugaces.

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